Traducir un libro no empieza cuando abres el documento de Word y escribes la primera línea. Empieza antes: leyendo, investigando, escuchando al texto y preparando el terreno.
Cada novela trae consigo un mundo propio, y para poder traducirlo con fidelidad (y con estilo), hay una fase previa que no siempre se ve, pero que es crucial para que el resultado final funcione. En este post te cuento cómo me preparo antes de traducir una obra literaria y por qué ese proceso marca la diferencia.
Lectura completa, análisis de estilo y creación de glosarios
Siempre que es posible, empiezo leyendo la obra entera antes de traducirla. Sé que no todas las editoriales lo permiten (por plazos, por fases de entrega), pero para mí es clave entender el arco narrativo, los giros de tono, la evolución de los personajes y los elementos recurrentes que pueden parecer insignificantes al principio… pero que en la página 300 resultan esenciales.
Durante esa primera lectura suelo tomar notas: sobre el estilo del narrador, el tipo de humor, el nivel de registro, el ritmo de los diálogos. También detecto desde el principio los posibles retos: referencias culturales, juegos de palabras, nombres propios con significado, canciones, poemas o fragmentos multilingües.
En paralelo, voy creando un glosario. No siempre es una lista formal (a veces son notas rápidas), pero me ayuda a mantener consistencia terminológica, sobre todo en obras de fantasía, ciencia ficción o novela histórica. Este glosario también lo voy alimentando durante la traducción, especialmente con términos inventados, neologismos o elementos clave del worldbuilding.
Y si el libro tiene secuelas, precuelas o pertenece a una saga, busco si existen traducciones previas, si hay terminología oficial o si el estilo ya está marcado por una entrega anterior. En ese caso, respeto el trabajo de la traductora previa, adaptando lo necesario para mantener coherencia editorial.
Investigar es también una forma de traducir
Una parte que disfruto mucho —y que a veces puede ser muy extensa— es la documentación previa. Puede ser sobre armas medievales, política del siglo XIX, flora de los Andes o expresiones de la cultura pop coreana. Todo depende del libro. Pero lo importante es que cuanto más sabes del universo que vas a traducir, más precisa y natural será tu versión en español.
También investigo sobre la autora o autor: entrevistas, artículos, prólogos, contexto de escritura. Entender qué pretendía decir o desde dónde escribe, me da pistas para afinar la voz en la traducción. Porque al final, traducir no es solo entender lo que alguien dijo, sino por qué lo dijo así.